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LA GOMERA es una isla pequeña , pero sus 378 kilómetros cuadrados de
superficie, apenas 20 de norte a sur, esconden un tesoro ecológico sin precedentes que
ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y es que pocos lugares del
mundo pueden presentar la riqueza natural de La Gomera, acrecentada por su singular
carácter prehistórico.
Escarpada, la Isla se lanza bruscamente desde la cumbre del pico Garajonay
buscando del Atlántico en una secuencia de montañas y barrancos que forman círculos
casi perfectos. Una rica vegetación, reliquia del pincipio de los tiempos, con especies que
casi no existen en ningún otro punto del planeta, desciende, paso a paso, hasta la costa.
Barrancos vertiginosos, valles fecundos y zonas agrícolas, donde la mano del hombre
extrae trabajosamente el fruto de la tierra, moldean el paisaje.
Mientras, en lo alto, la elevación de las montañas frena las nubes, empujadas por
los suaves vientos alisios, hasta que descargan su humedad gota a gota, conformando un
fenómeno irrepetible: la lluvia horizontal. De esta manera, el agua, presente en toda la
Isla, se convierte en un velo brumoso extendido sobre la frondosa vegetación que cubre
su suelo. Un auténtico bosque pluvial, cuyos árboles, que llegan a alcanzar hasta quince
metros de altura con formas caprichosamente retorcidas, dan al paisaje un aspecto
mágico y sorprendente.

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